No podemos controlar la red, pero sí podemos decidir cuánta energía necesitamos comprarle.
Un día España sufrió un apagón.
Millones de personas y empresas se quedaron sin electricidad y volvió a quedar claro hasta qué punto dependemos de la red eléctrica.
Cuando hay que equilibrar el sistema, corregir desequilibrios o activar servicios de ajuste, todo tiene un coste.
Y al final, una parte de esos costes termina repercutiendo sobre el consumidor.
Mientras tanto, las grandes compañías eléctricas continúan obteniendo importantes beneficios.
Podemos discutir sobre el funcionamiento del sistema, pero hay algo mucho más práctico que sí podemos hacer:
No significa desconectarnos.
Significa necesitar comprar menos energía.
Conocer cuánto consumimos, cuándo lo hacemos y si estamos pagando correctamente por nuestra energía.
Cuando tiene sentido, las placas solares permiten generar una parte de nuestra propia electricidad.
Si no tenemos tejado, la colaboración entre vecinos permite estudiar soluciones de generación compartida.
Una batería permite guardar parte de la energía solar para utilizarla cuando ya no hay sol.
Durante años nos hemos preguntado:
¿Cuánto va a costar la electricidad?
Quizá deberíamos empezar a preguntarnos:
Cuanto menos necesitemos comprar, menos nos afectarán sus precios y menos dependientes seremos del sistema.
No podemos controlar todo el sistema eléctrico.
Pero sí podemos decidir cuánto dependemos de él.
Gestionar energía no es lo mismo que venderla.
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Gestionar energía no es lo mismo que venderla.