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Imagine que la electricidad fuera agua circulando por una red de tuberías. Si una tubería tiene una fuga, toda el agua que se pierde hay que pagarla, aunque no se aproveche.
La energía reactiva funciona de forma parecida. Es una energía que circula por la instalación sin producir un trabajo útil, pero que puede generar penalizaciones en la factura eléctrica.
La batería de condensadores actúa como si colocáramos un depósito junto a la fuga: recupera esa energía reactiva y la devuelve al sistema, evitando que tenga que suministrarla continuamente la red eléctrica.
Cuanta mayor sea la pérdida de energía reactiva, más útil será la batería de condensadores y más rápido se amortizará la inversión.
Por eso, antes de instalar una batería de condensadores, el primer paso es comprobar si la instalación tiene consumo de energía reactiva. Una vez confirmado, se realiza un estudio económico para calcular el ahorro esperado y determinar si la inversión es realmente rentable.